Objetivos en procesos de acompañamiento a NNA víctimas de maltrato: ¿hacia dónde caminar juntos?

Los lineamientos de las orientaciones técnicas de Sename nos indican qué es lo mínimo esperable dentro del proceso de intervención en la diversidad de programas que atienden la infancia vulnerada en Chile. Frente a esto, siempre es necesario preguntarse respecto de la realidad particular y contextual en miras de co-construir un proceso interventivo con nuestros NNA niños, niñas y adolescentes (NNA) y sus adultos responsables. En ese sentido, existen objetivos que de alguna manera establecen un soporte donde es posible articular una intervención en línea reparatoria con los NNA.

Antes de señalar los pilares que sustentan la intervención con NNA, resulta relevante comprender que en contextos de vulneración de derechos, la función protectora y garante de los adultos que son parte de la vida del niño es central. Y en muchos casos, es primero necesaria la articulación del mundo adulto respecto de la interrupción de la vulneración como eje interventivo, antes que la intervención reparatoria.

Así, un primer aspecto central es reflexionar en torno a un modo de pensamiento causalista, donde el proceso de reparación se basa en el supuesto que recordando y reinterpretando los eventos del pasado y localizando el trauma, el NNA podrá obtener mayor sanidad. Sin contemplar, al mismo tiempo, el potencial y los recursos desplegados en la actualidad y que permitieron al NNA encontrar la mejor solución para sobrellevar ese dolor pasado en el aquí y ahora (Oaklander, 2009).

Planteado de otro modo, un primer objetivo en la intervención reparatoria, es estar abierto a la expresión del NNA y el encuentro que allí ocurre.

Por tanto, para favorecer la expresión del NNA, la intervención psicosocial supone que el encuentro relacional, la aceptación del marco referencial del otro, y la confianza básica, son objetivos en sí mismos (Amescua, 1995; Cornejo, 2003; Oaklander, 2009). Desde nuestra Fundación, a esto le hemos llamado “creación de contexto seguro”.

Una vez que se ha generado una relación terapéutica, donde es posible el proceso de crecimiento, un segundo objetivo es el proceso de diferenciación.

Lo anterior se traduce en que el NNA pueda elegir a qué jugar, qué construir, cómo desea expresarse; siendo esta una forma de irse diferenciando, surgiendo su singularidad, su valor personal y dignidad humana. Para tal proceso, Oaklander (2009) plantea necesario trabajar -entre otros aspectos- las funciones de contacto del niño (ampliar las funciones propio perceptuales), mediante el acompañamiento de parte de los interventores de la expresión del NNA.

Un tercer objetivo es el reconocimiento de las funciones de seguridad (Latner, 2007) en el NNA, para validar y honrar su sabiduría de haber sobrevivido con alguna de éstas funciones (conciencia, retraimiento, huida, desensibilización, regresión, etc.). En este sentido, no se fomenta el deber ser otra persona que la que ha sido, sino que a través de sacar el máximo provecho a esa función de seguridad que en contextos adversos se cronificó como la única forma de estar en el mundo, paulatinamente se va dando espacio a la expresión del sí mismo con formas novedosas de responder al medio externo, ya sea familiar, escolar, sus pares, etc.

Así, el NNA va diferenciándose, se encuentra en un contexto relacional seguro y confiable que valide su forma de expresión personal, donde “el favorecer la capacidad de contacto es la posibilidad de aumentar el yo del niño en su integridad” (Oaklander, 2009). De lo anterior, podemos señalar -entendiendo que no es un proceso lineal de causa efecto sino que puede darse de diversos modos dependiendo de la singularidad del niño- un cuarto objetivo: el fortalecimiento del yo.

Esto implica estar centrados, es decir, confiar en los propios sentidos y en el propio darse cuenta. Para Oaklander (2009), el fortalecimiento del yo alude también al poder definirlo, al dominio o maestría del niño respecto de sus potencialidades, al reconocimiento de las proyecciones, al establecimiento de fronteras y límites claros, al autocuidado y al sentido del juego.

En este marco, resulta no menor que en niños y niñas principalmente, el medio por el cual se favorece el darse cuenta es a través del juego, siendo el aspecto lúdico un objetivo en sí mismo que es imposible de evitar en terapia.

Así mismo, en la intervención infantil el apoyo externo es necesario y esperable (Oaklander, 2009) siendo más bien el objetivo a trabajar el de una autonomía progresiva, concepto que surge desde el enfoque de derechos (Contreras, 2007) en el cual se entiende que el niño -en la medida de su desarrollo- puede ir realizando funciones acordes a sus potencialidades y recursos de un modo independiente, con la presencia de adultos significativos protectores.

Por último, cabe señalar que la reflexión en torno a la intervención con NNA nunca acaba, y la diversidad de perspectivas y la posibilidad de diálogo de los diferentes enfoques es nutritiva en sí misma, en la medida que ámbitos como la academia y la praxis del terreno caminen juntas con los NNA y en beneficio de éstos como fin esencial.


Ignacio Bravo Bustos

Director Programa de Reparación de Maltrato Isla de Maipo

Fundación Ciudad del Niño