Tejiendo redes… abriendo el box terapéutico.

Existen estrategias de intervención comunitaria que trascienden el modelo de trabajo individual con el niño, niña, adolescente o su familia, permitiendo alcanzar resultados terapéuticos de una manera diferente. Esto, a través de la incorporación de las instituciones y grupos que forman parte del contexto del individuo.

Conceptualmente, desde el enfoque comunitario se cuenta con la “intervención en red…que apunta a un modo de conversación/acción que implica un contacto directo  de un equipo especializado de intervención, con el sujeto foco personalizado” (Martínez V.M 2006*). En otras palabras, la flexibilidad en el trabajo e incorporación de los actores sociocomunitarios que constituyen el contexto de vida del sujeto de atención, y con los cuales se pueden co-construir procesos paralelos que apunten a la resolución de los problemas familiares y aminoren el malestar del NNA producto de la situación abusiva.

En el trabajo psicosocial que realizan los psicólogos y asistente sociales de los Programas de Reparación y Maltrato (PRM), resulta ineludible abrir y flexibilizar la intervención individual, familiar y comunitaria con los sujetos de atención y sus familias, a fin de alcanzar los objetivos terapéuticos y de la matriz lógica que guían el quehacer diario del profesional. De esta forma, es importante tener presente, como estrategia de intervención, la red relacional de la persona.

El autor Víctor Martínez (2006) describe la red social focal como “…la que integra las personas a sus matrices cotidianas de vida, construyendo el espacio social íntimo, privado y semiprivado (o semipúblico) fundamental para su economía efectiva e instrumental. La red social focal la definimos como el sistema de conversación/acción que se estructura en torno a un nodo foco que puede ser una persona, una pareja, una familia, un grupo pequeño o una institución u organización. Constituye el ecomapa de este nodo foco, es decir, el mapa de las relaciones sociales de su entorno próximo”.

En este sentido, en la práctica cotidiana la labor se orienta a potenciar una red, buscando reforzar la efectividad de esta en relación al sujeto foco. Diariamente y por diversas razones, los niños, niñas y adolescentes se encuentran inmersos de manera formal o informal, en distintos grupos e instituciones como colegios, grupos deportivos, organizaciones religiosas, círculos afines y diversas entidades sociocomunitarias e institucionales del territorio al que pertenecen.

Todas estas organizaciones persiguen en forma sectorial y parcelada sus objetivos en relación al NNA, generando tensiones y nudos críticos en la alineación de los propósitos similares que se configuran para resignificar las experiencias abusivas. El sujeto de atención “posee una red, pero por diversas razones esta no se ha activado lo suficientemente para ayudarle en la resolución de sus problemas. Se parte del supuesto de que reorganizando esta red de forma operativa estará en condiciones de cumplir esta función” (Martínez, 2006).

Considerando lo anterior, resulta fundamental que las duplas psicosociales se adecúen a las necesidades y contexto de los sujetos de atención y sus familias, complementando el trabajo interventivo en términos individuales, familiares y comunitarios, con los nodos (actores y organizaciones) que componen la red. Identificándolos en un primer momento, para posteriormente sensibilizar respecto a la temática de maltrato y abuso sexual infantil. Y, por último, redefinir en conjunto los objetivos comunes, propiciando estrategias colaborativas con las otras instituciones o grupos, que apoyen el logro y alcance de los propósitos terapéuticos.

* Martinez. V.M (2006). Enfoque comunitario: El desafío de incorporar a las comunidades en las intervenciones sociales. Departamento de Psicología Facultad de Ciencias Sociales , Universidad de Chile.

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