Durante el mes de septiembre, las rutinas habituales de niños, niñas y adolescentes se transforman. Aumentan las actividades sociales, los viajes, las salidas con amigos, las asistencias a fondas y los encuentros familiares. Si bien se trata de un periodo de celebración y descanso, estos cambios en la dinámica cotidiana también generan escenarios que requieren un mayor cuidado y acompañamiento adulto.
A esto se suma la contingencia reciente: los casos de Explotación Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes (ESNNA) visibilizados en distintas regiones del país nos recuerdan de forma dolorosa que esta vulneración no es una realidad lejana ni ajena a nuestros entornos cotidianos.
Por ello, estas Fiestas Patrias son una oportunidad fundamental para informarnos, conversar en familia, estar atentos a las señales y fortalecer los mecanismos de protección de la niñez y adolescencia.
Cambios de rutina y contextos de mayor atención
Es importante aclarar que las Fiestas Patrias no constituyen, por sí mismas, un espacio de riesgo o explotación. Sin embargo, la modificación de las rutinas habituales puede generar situaciones que demandan mayor supervisión:
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Mayor autonomía y flexibilidad horaria: Días festivos y vacaciones escolares implican más tiempo libre y mayor libertad de desplazamiento.
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Espacios de alta concurrencia: Eventos masivos, fondas y sus alrededores implican una alta circulación de personas no habituales en el entorno cercano.
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Entornos digitales activos: El aumento del tiempo libre se traduce también en un uso más intensivo de redes sociales, aplicaciones de mensajería y juegos en línea, vías por donde desconocidos pueden intentar establecer contacto, manipular o engañar.
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Consumo de sustancias: En determinados espacios festivos puede haber mayor presencia de alcohol u otras sustancias, afectando los entornos de resguardo.
El riesgo de explotación sexual no aparece únicamente en un lugar masivo; puede surgir en los trayectos, traslados, reuniones posteriores, paseos, alojamientos o contactos iniciados en el entorno digital. La prevención comienza siempre antes de que exista una situación de vulneración.
¿Qué podemos hacer los adultos responsables?
La principal herramienta de prevención no es el miedo ni la prohibición, sino el acompañamiento informado y cercano. Desde Fundación Ciudad del Niño recomendamos algunas acciones clave para este periodo:
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Mantener una comunicación fluida: Preguntar a niños, niñas y adolescentes dónde estarán, con quiénes y cómo se sienten. Crear espacios de confianza donde puedan expresar incomodidades sin temor a ser juzgados ni castigados.
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Conocer sus entornos y vínculos: Saber con quiénes interactúan, tanto de forma presencial como en el espacio digital. Un lugar o evento no es automáticamente seguro solo por ser conocido; la seguridad depende también de las personas presentes.
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Observar sin invadir: Estar atentos a cambios bruscos de ánimo, de comportamiento o de rutinas, abriendo siempre la puerta al diálogo y la escucha activa.
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Prestar atención a «regalos» o favores: La explotación sexual no siempre involucra transacciones de dinero directa; a menudo se manifiesta mediante la entrega de ropa, calzado, dispositivos, bebidas, invitaciones o traslados. Estos beneficios materiales suelen utilizarse como mecanismos de control, manipulación o captación.
La responsabilidad es siempre de quien explota
Conocer cómo opera la ESNNA nos permite derribar mitos. Este delito no ocurre únicamente en lugares distantes ni afecta solo a sectores vulnerados o en situación de calle; puede suceder dentro de nuestras propias comunidades y por parte de personas integradas en la vida cotidiana.
Es fundamental remarcar que la víctima nunca es responsable de la vulneración que sufre. No importa su vestimenta, los lugares que frecuente ni las decisiones que tome: la responsabilidad ética y legal recae de forma exclusiva en el adulto agresor o explotador.
Informarse es el primer paso para proteger
Hablar abiertamente sobre la Explotación Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes no busca generar alarma, sino aumentar nuestra capacidad como comunidad para proteger. Una comunidad informada es capaz de identificar alertas tempranas, evitar la normalización de vínculos abusivos y activar los canales de denuncia oportunamente.
En estas Fiestas Patrias, celebremos reforzando el compromiso de cuidar a las niñeces y adolescencias de nuestro país. Prevenir también es proteger.
Si necesitas más información sobre cómo abordar este tema o deseas conocer la labor que realiza la Fundación a través de sus Programas Especializados en Explotación Sexual (PEE), te invitamos a navegar por nuestro sitio web.
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