La diversidad cultural como desafío para la intervención

Las infancias y juventudes con las cuales trabajamos no son homogéneas, particularmente en territorios de alta pertenencia étnica, de ruralidad o de migración. A pesar de ello, observamos que las políticas públicas de infancia han sido pensadas desde una lógica monocultural occidental, lo cual disminuye la pertinencia y eficacia de nuestra intervención. 

Entonces nos preguntamos: ¿Cómo pensar intervenciones más eficaces en contextos de diversidad cultural, contribuyendo al respeto y cumplimiento de los derechos de los niños, niñas y adolescentes? Para dar respuesta a esta pregunta, nos hemos propuesto co-construir con las personas que intervienen en los territorios una forma de trabajo que aborde la diversidad cultural.

El objetivo propuesto es construir conocimiento desde las prácticas (PNUD, 2009), es decir, evidenciando las pautas de intervención que rigen el actuar de los profesionales de terreno, reflexionando a partir de ellas y re-definiéndolas desde un proceso formativo guiado que permita identificar nuevas posibilidades de acción que aporten mayor efectividad al trabajo en contextos de diversidad cultural. Desde esta perspectiva y dado que los procesos de formación por sí solos no bastan en el campo de la intervención profesional, a la formación se ha incorporado un proceso de seguimiento, transferencia y evaluación que permita dar coherencia y consistencia al proceso de implementación de la perspectiva intercultural.

Iniciamos este proceso formativo en mayo de 2014 en la ciudad de Los Ángeles (Región del Bío Bío), contando con la participación de 30 profesionales de las áreas de Protección y Responsabilidad Penal Adolescente de los programas de la Fundación Ciudad del Niño, ejecutados en las comunas de Yumbel, Los Ángeles, Angol y Futrono. Un nuevo proceso de este tipo se comenzó recientemente junto a 30 profesionales que trabajan en Puerto Montt, Chiloé y Osorno.

El trabajo sobre la interculturalidad -entendida más allá de su expresión en los pueblos indígenas-, desde la perspectiva de la intervención social, nos ubica en un sitio clave para repensar las políticas de infancia. Esta perspectiva de trabajo, permite un mayor reconocimiento y valoración de la diversidad cultural por parte de los profesionales, lo que potencia el respeto, la horizontalidad y autonomía en las relaciones establecidas con los NNA y sus familias. Además, la apertura de espacios interculturales a los usuarios es fundamental para evitar que los NNA vivan las tensiones del doble vínculo que se genera a partir de su interacción con ambas culturas, es decir, de la situación de biculturalidad.

El conocimiento generado, busca ser útil no sólo a los propios proyectos de nuestra Fundación sino también en el ámbito mayor de las políticas públicas. En este sentido, creemos que la creciente complejidad de los fenómenos sociales hace necesario el establecimiento de vínculos más horizontales entre el Estado y las Organizaciones de la Sociedad Civil, que favorezcan el diálogo y el trabajo colaborativo; revirtiendo así la lógica de subordinación que históricamente ha imperado.

Coincidiendo en que urge la definición de una Política de Estado para la Infancia, y la promulgación de una Ley Integral de Protección de Derechos, resulta indispensable otorgar a nuestras organizaciones un rol más protagónico en la construcción de la política pública de infancia, concibiéndolas como aliadas estratégicas que pueden aportar conocimientos clave relativos al diseño e implementación de las políticas. La cual puede verse significativamente enriquecida por la contribución que desde su quehacer hacen los profesionales que cotidianamente trabajan en la protección y ejercicio de derechos de infancias y juventudes en contextos de diversidad cultural.

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